Este es un diálogo de la novela La Fiesta del Chivo, de Mario Vargas Llosa, en la que se explica con total claridad porqué el miedo es un instrumento para garantizar el respeto a la ley.
El Dictador Rafael Leónidas Trujillo, recibe en su despacho a uno de sus más cercanos colaboradores, responsable de administrar sus empresas familiares y, por lo tanto, jefe de toda el área económica del gobierno.
–¿Tú me robas a mí?
Chirinos dio otro bote en el asiento y el color ceniza de su cara se ennegreció. Pestañeaba, azorado.
–¿Qué dice usted, jefe? Dios es testigo…
–Ya sé que no -lo tranquilizó Trujillo-. ¿Y por qué no robas, pese a tus poderes para hacer y deshacer? ¿Por lealtad? Tal vez. Pero, ante todo, por miedo. Sabes que, si me robas y lo descubro, te pondría en manos de Johnny Abbes, que te llevaría a La Cuarenta, te sentaría en el Trono y te carbonizaría, antes de echarte a los tiburones. Esas cosas que le gustan a la imaginación calenturienta del jefe del SIM y al equipito que ha formado. Por eso no me robas. Por eso no me roban, tampoco, los gerentes,administradores, contadores, ingenieros, veterinarios, capataces, etcétera, etcétera, delas compañías que vigilas. Por eso, trabajan con puntualidad y eficacia, y por eso las empresas han prosperado y se han multiplicado, convirtiendo a la República Dominicana en un país moderno y próspero. ¿Lo has comprendido?
–Por supuesto, jefe -respingó una vez más el Constitucionalista Beodo-. Tiene usted toda la razón.
–En cambio -prosiguió Trujillo, como si no lo oyera-, robarías cuanto pudieras si el trabajo que haces para la familia Trujillo, lo hicieras para los Vicini, los Valdez o los Armenteros. Y todavía mucho más si las empresas fueran del Estado. Allí sí que te llenarías los bolsillos. ¿Entiende, ahora, tu cerebro por qué todos esos negocios, tierras y ganados?
–Para servir al país, lo sé de sobra, Excelencia.
