Tengo una formación académica muy distinta a la de los abogados. Estudié literatura en la Universidad y después una maestría en comunicación. He sido periodista y participado en política. Por lo tanto, un acercamiento de este tipo al estudio del derecho me agradó porque pude abordarlo desde mi propia formación y experiencia previa.
Siempre había considerado a los abogados como profesionales que podían tener una visión muy estrecha de la realidad al ver todo desde la óptica de lo que dicen estrictamente las leyes. Para mi fue una sorpresa agradable conocer las nuevas tendencias filosóficas que abordan al fenómeno jurídico desde muy distintas ópticas.
La lectura de textos como el Kibalyon conectó muy bien con mis lecturas previas de la literatura hermética, que abordé en mis tiempos universitarios al estudiar las influencias de algunos escritores mexicanos como Sor Juana y Jorge Cuesta, que son de mis favoritos y alimentaron sus textos desde estas fuentes.
Lo que mejoraría sería más bien para mi mismo. Hubo un momento en que dejé de ser constante y puntual en las actualizaciones del blog y me atrasé por la misma dinámica laboral, pero sobre todo por indisciplina que ha sido siempre una de mis debilidades. Por lo general sólo avanzo bajo presión. Sé que es algo en lo que debo trabajar.
Lo que espero aportar al derecho es precisamente una visión más humanista del mismo. Creo que el derecho es una ciencia social y humana y no me gustan las perspectivas estrechas y rigoristas. Creo en la palabra pero también en su espíritu. Aquella máxima de San Pablo de que la letra mata pero el espíritu da vida, debe guiar al derecho.




