A raíz de la lectura de El Kybalion, de Hermes Trimegisto, he releído el Primero Sueño de Sor Juana, probablemente su obra cumbre y más compleja.
Octavio Paz mostró con maestría en Las trampas de la fe la influencia que ejercieron las doctrinas herméticas en Sor Juana a través de los textos Athanasius Kircher e influencias directas, como su amigo el padre Eusebio Kino y una gran cantidad de pensadores antiguos y contemporáneos suyos que están presentes en este poema.
La influencia hermética en Primero Sueño es una prueba contundente de la atracción de esta tradición filosófica y espiritual en todo el mundo a través de los siglos. Pareciera que no hay nada más alejado del antiguo conocimiento egipcio que una humilde monja recluida en una pequeña celda de un convento mexicano en el final del siglo XVII.
Sin embargo, Primero Sueño es un texto rico en alusiones profundas a los principios herméticos contenidos en el Kybalion y en el resto de los textos de Hermes.
Este poema es una silva, es decir compuesta por versos de siete y once sílabas con rima pero sin número obligatorio de versos en cada estrofa. Por lo tanto es una forma muy libre, útil para abordar temas complejos, como lo es la relación del ser humano con las esferas divinas y el conocimiento.
Está demostrado que el poema describe primero el anochecer, el dormir, el soñar, el amanecer y el despertar.
El primer verso es una clara referencia a Hermes Trimegisto: “Piramidal, funesta, de la tierra”. El símbolo de la pirámide en el pensamiento hermético se refiere al demiurgo, o creador del mundo material.
Esta primera parte se refiere al nacimiento de la noche, pero con estas palabras que tienen una referencia clarísima:
Burlaban tan distantes, 10 Que su atezado ceño Al superior convexo aun no llegaba Del orbe de la Diosa Que tres veces hermosa Con tres hermosos rostros ser ostenta,
La pavorosa sombra fugitiva es, nuevamente, la noche. La Diosa tres veces hermosa y que ostenta tres hermosos rostros, es la luna que tiene tres formas: creciente, llena y menguante. Sin embargo es otra referencia a Trimegisto porque es conocido como el tres veces grande. Existe una amplísima bibliografía sobre este tema.
Después de narrar la lucha entre la luz y la oscuridad que sucede al llegar la noche, Sor Juana describe cómo el alma (mente) abandona el cuerpo y describe los cuatro humores del alma:
de los atemperados cuatro humores, que con ellos no sólo no empañaba los simulacros que la estimativa dio a la imaginativa y aquésta, por custodia más segura, 260 en forma ya más pura entregó a la memoria que, oficiosa, grabó tenaz y guarda cuidadosa, sino que daban a la fantasía lugar de que formase 265 imágenes diversas.
Por lo tanto, el alma (mente) tiene cuatro facultades: estimativa, imaginativa, memoria y fantasía.
Con sus cuatro facultades intactas el alma se desprende del cuerpo y queda libre de subir al mundo espiritual donde se encuentra el verdadero conocimiento, el TODO.
Describe los principios del conocimiento hermético. Principio de correspondencia, que dice que de la parte se deduce el todo:
con el arte el defecto 590
de no poder con un intuitivo
conocer acto todo lo críado,
sino que, haciendo escala, de un concepto
en otro va ascendiendo grado a grado,
Principio de polaridad está presente en la lucha entre noche y día, luz y oscuridad, que domina el principio y el final del poema. Esta lucha es cíclica, por lo que el principio del ritmo también está presente a lo largo del poema, principalmente al final cuando la luz regresa y derrota a la noche:
Llegó, en efecto, el Sol cerrando el giro
que esculpió de oro sobre azul zafiro:
de mil multiplicados 945
mil veces puntos, flujos mil dorados
--líneas, digo, de luz clara--, salían
de su circunferencia luminosa,
pautando al Cielo la cerúlea plana;
y a la que antes funesta fue tirana 950
de su imperio, atropadas embestían:
que sin concierto huyendo presurosa
--en sus mismos horrores tropezando--
su sombra iba pisando,
y llegar al Ocaso pretendía 955
con el (sin orden ya) desbaratado
ejército de sombras, acosado
de la luz que el alcance le seguía.
Otro ciclo que se presenta completo es el del sueño que termina para empezar la vigilia. El ascenso del alma al mundo espiritual para contemplar la verdad, aunque sea lejanamente y regresar.
En fin, sería demasiado largo explicar todas las referencias herméticas de este poema. Pero no es el único. También ya en el siglo XX poemas como Canto a un Dios Mineral, de Jorge Cuesta, pueden inscribirse en esta misma tradición.
